Modulo 2

 

NAVEGACION

 

El Libro Secreto de Santiago

 

EL LIBRO SECRETO DE SANTIAGO    (Comentado, fragmento)
Santiago, en el interior de nuestro Ser, es el Bendito Patrón de la Gran Obra. Es el Mercurio de la Filosofía Secreta, el fundamento mismo de la Gran Obra.                                                         

V. M.  Samael Aun  Weor.

En las escuelas gnósticas de regeneración, de los tiempos posteriores a la resurrección  del Cristo-Jesús, indiscutiblemente, el apóstol Santiago, el Bendito Patrón de la Gran Obra, asimilo en todo su Ser a ese arquetipo universal denominado por los alquimistas medievales: Mercurio de los sabios, o Azogue bruto, que como “Alma metálica” de la semilla sexual o esperma sagrado, es el mediador esencial entre los distintos reinos de la naturaleza y del cosmos. Mercurio filosófico, capaz de reducir a la vida a su quinta esencia, para desde allí poder actuar en y sobre ella, con el fin de obtener transformaciones y cristalizaciones superiores que reconcilien el cosmos de abajo con el cosmos de la parte de encima de la vida.
Astronómicamente y astrológicamente, Santiago el apóstol, es con respecto al Cristo-Jesús, lo que el planeta Mercurio es con respecto a nuestro Sol de Ors, su Vicario divino y su Mensajero de lo humano. Santiago es, por ende, el nuevo Hermes griego, el Mercurio romano, o el Rafael hebreo de estas culturas, pero en una perspectiva diferente puesto que nuestro mundo y sus distintos reinos han iniciado, hace dos milenios, el camino de salvación de esta anima mundi.


Nada está más cerca del Sol que Mercurio, nada está más cerca del Cristo cósmico que Santiago, el Apóstol de la Gran Obra, el cual hace posible que el alma de quien la cristalizo humanamente, a través de esté agente secreto o azogue-mercurio, encuentre, además, su salvación divina; porque habiendo asimilado los principios anímicos de los diversos cuerpos existenciales del Ser, podrá también, mas tarde, encarnar lo divino, previa aniquilación del Ego-animal, para así absorberse en su propia paropsia trascendental y en total iluminación ser salvada.


Y así como tenemos un Santiago en los cielos, un Santiago histórico, existe en cada uno de nos, un Santiago intimo, una de las distintas partes del Ser, el azogue de los alquimistas medievales, que como substancia secreta también permanece en la esencia misma de la energía sexual, y que la magia sexual pone en acción para disolver en ella y por ella, los falsos metales de la naturaleza transitoria del “Yo” animal, y en continuas peregrinaciones a lo largo del cayado de Santiago, nuestra medula espinal, abrir por fin el libro secreto o sellado de la Gran Obra.

Capitulo 1. (Parte)
“Santiago, escribiendo a… ¡Desde la Paz, que la Paz sea con vosotros! ¡El Amor desde el Amor! ¡La Gracia desde la Gracia! ¡La Fe desde la Fe! ¡La Vida desde la Vida santa!”
“ Santiago” escribe a las diversas partes del Ser, y a todos, pero solo a quienes de verdad han recibido del Padre Intimo el Don de conocerle o el Donum Dei, solo estos podrán comprender su mensaje de Paz verdadera, Amor consciente, Gracia divina, Fe verdadera, en una Vida purificada.


Solo a través del “Santiago-mercurio” o mediante esta alma metálica de la energía sexual que es también la libido debidamente sublimada en el laboratorio de alquimista sexual entre él y ella, es posible hacer descender de lo más alto del Árbol de la Vida o del Ser, la verdadera “Paz del Anciano de los Días”, el “Amor consciente del Cristo”,” la Gracia o Gnosis” divina del” Espíritu Santo, la Fe verdaderamente intima”, y así vivificada el Alma podrá decir: Ad Deum qui Leatificat Juventuten meam, a “Dios que alegra mi juventud.


“Pues el Padre tiene conocimiento del deseo y lo que la carne necesita: la carne no anhela el alma”


La carne, lo sensual, lo exteriormente diferenciado del Supremo, por deseo, no anhela la integración. La carne solo quiere al “Yo”, esto es la desintegración, una percepción subjetiva de sí mismo, que es la peor de las herejías: la separatividad.
“Porque el cuerpo nunca peca sin el alma, y el alma nunca se salva sin el espíritu. Pero si el alma se salva del mal, y también el espíritu se salva, entonces el cuerpo queda libre de pecado. Pues el espíritu anima al alma, pero el cuerpo destruye al alma.  En otras palabras, el alma se destruye a ella misma.”


Ante tododebe saber el alma lo que quiere. Si se identifica con el cuerpo se perderá. Si lo hace con el espíritu se salvara. A las emociones se le controla con la mente, a esta con la voluntad. El amor consciente, da paso a la voluntad, a la fe y a la capacidad de sacrificio. Esto debe saber el Alma.


“Os digo la verdad: ciertamente el Padre no perdonara el pecado del alma o la culpa de la carne. Porque nadie que haya estado vestido con la carne será salvado. ¿Pensáis vosotros que muchos han encontrado el reino del cielo? ¡Bienaventurado el que ve el Yo como el que es cuarto en el cielo!


El Padre es la Ley, y para ser uno con El, debemos desnudarnos de la carne sensual del mundo del “Yo”. Y muy pocos son los que, en verdad, han encontrado el reino de los arquetipos universales.


Bienaventurado sea el que supo ascender, primero: del soma a la psiquis, segundo: de la psiquis al pneuma; y tercero: del pneuma al cuarto orden: el “Yo Soy”  del Cristo, este no ignora las funciones de las distintas partes del ser, los arquetipos universales.


Cap. 8.-  Cuando escuchamos estas observaciones, nos entristecimos. Mas cuando el Señor vio que estábamos tristes, dijo, “Por esta razón os digo esto, para que podáis conoceros a vosotros mismos.”


La verdad siempre incomoda, no gusta a nadie, preferimos creer que esta vida de acá, aunque transitoria, es nuestra morada definitiva, entonces nos contradecimos, pues queremos despertar sin destruir nuestros sueños, y los sueños aunque agradables, sueños son, pero como dice el evangelio: “Hasta que no veáis el Reino de Dios y su Justicia, no gustareis de la muerte.”


“Porque el reino del cielo es como una espiga de grano creciendo en un campo.  Cuando estuvo lista esparció sus semillas y lleno el campo de espigas de grano durante otro año.”


En el reino del Padre, la característica fundamental es la multiplicación infinita de los días, de los hechos, de la fe, de la misericordia, bondad, alegría, sabiduría y amor. Precisamente, todo lo contrario de lo que aquí carecemos.


“Así también sucede con vosotros: apresuraos a cosechar para vosotros una espiga viva de grano, para que podáis estar llenos del reino.”
La espiga viva es nuestra simiente sexual, sabiamente cultivada o trasmutada en nuestra tierra filosofal, porque bien dice el dicho español: “obras son amores y no buenas razones”


“Mientras yo esté con vosotros, escuchadme y confiad en mi. Pero cuando este lejos de vosotros, recordadme. Recordad que estuve con vosotros y no me conocisteis.”
Siempre que el Cristo viene a la humanidad, encarnado en un “hombre”

debidamente preparado, instruye sobre el Reino de los Arquetipos Universales, las diversas partes del Ser, y unos pocos confiados en El, escuchan y confían, porque persuadidos están de un Reino en el que la justicia y el amor no conocen limites, y maravillados se apresuran a entrar en este. Y esta promesa del Cristo, solo se cumple en lo íntimo, cuando muriendo psíquicamente para los mundos: mineral, celular y molecular, nacen en el mundo de lo electrónico, comienza la liberación de la rueda del continuo morir nacer mecánico.


“Bienaventurados los que me han conocido”.
Esto es, los que ven en el Cristo la posibilidad de alcanzar en el Espacio Abstracto Absoluto la felicidad consciente.


“Hay de aquellos que han oído pero no han creído.”
No basta oír la palabra del Señor, hay que hacerla carne y sangre.


“! Bienaventurados los que no han visto y a pesar de todo han creído!”
Por ley de los contrarios, se intuye a este reino de la justicia inmensurable.
“Una vez más os insisto: Me estoy apareciendo a vosotros y estoy construyendo una casa que os muy útil. Podéis encontrar refugio en ella, y resistirá al lado de la casa de vuestros vecinos cuando esta amenace con derrumbarse.”


La Piedra de los Filósofos alquimistas, El Cristo Intimo recubierto por los cuerpos existenciales superiores del Ser, es la casa construida para morada inmortal del alma.


“En verdad os digo: ¡Ay de aquellos por los que se me hizo descender! “Bienaventurados los que tienen que ascender al Padre!”
El Cristo descendiendo a este universo es en sí misma la Ley en acción. El Cristo ascendiendo, nos hace uno con la Ley.


“De nuevo os aconsejo, a los que existís: sed como los que no existen, para que podáis vivir con los que existen.”
Para existir en el Ser, muramos en el Yo de  la egolatría.


“No dejéis que el reino del cielo se convierta en un desierto dentro de vosotros. No estéis orgullosos por la luz que conlleva la iluminación. Mejor; obrad con vosotros, así como yo también obre: me sometí a una desgracia por vosotros, para que pudieseis ser salvados.”
Cuando no cumplimos con el deber cósmico del Ser, los tres factores de la revolución de la conciencia; el morir psicológico, el nacimiento segundo en lo sexual, y el sacrificio por nuestros semejantes, convertimos nuestro mundo interior en un desierto. Tampoco estemos orgullosos del  saber que confiere la espiritualidad trascendental, pues basta un simple deseo para continuar atados a esta rueda de las continuas necesidades. Mejor es tomar la via estrecha, pero segura, del continuo sacrificio por los demás.


Cap.9.-  Pedro respondió a estos comentarios diciendo, “Señor, a veces nos instas a  avanzar hacia el reino del cielo, pero otras veces nos apartas. A veces nos animas, nos llevas hacia la fe y nos prometes vida, pero en otras ocasiones nos expulsas del reino del cielo.”
La fundamental piedra sexual debe estar inteligentemente cincelada con el martillo de la voluntad. En este trabajo alquimista sexual, se avanza con ansia sexual y anhelo espiritual, la carencia o abuso de uno de estos dos ingredientes, impiden el avance iniciático. El deseo que nos hace ver este universo como una buena morada para el alma, debe ser sacrificado.


El Señor nos respondió, “Os he presentado la fe muchas veces. Y, Santiago, yo me revele a ti, pero tú no me conociste. Ahora veo de nuevo que a menudo estáis contentos. Sin embargo, aunque estéis encantados con la promesa de vida, os entristecéis y afligís cuando se os ensena sobre el reino.”  
La fe consciente o solar, es una emanación del reino del Cristo, y solo a través de ella las acciones están libres del deseo del “Yo”. Y Santiago, nuestro mercurio filosofal, en casi toda la Gran Obra, por este deseo en lo sensual, no es capaz de conocer este reino donde su propia naturaleza se vería beneficiada por la multiplicidad infinita, pero todo esto es apenas normal pues el mercurio es la base del mundo de las formas, y por ello su única esperanza es la del Cristo Sol.


“Con todo, habéis recibido vida mediante la fe y el conocimiento. Por tanto, ignorad las palabras de rechazo cuando las oigáis. Más cuando oigáis algo sobre la promesa, regocijaos grandemente.”
Mediante la fe consciente y el conocimiento de sí mismo, el mercurio sexual, multiplica su vida en el Cristo, entonces las palabras de rechazo son solo una advertencia a no delinquir jamás….., y la promesa es la seguridad de que vamos por buen camino.


“En verdad os digo: quien quiera que reciba vida y crea en el reino no dejara nunca el reino, ni siquiera si el Padre quisiera expulsarle.”
Una es la vida fuera del reino del Cristo y otra muy distinta es la verdadera vida en el mundo de los Arquetipos Universales.
“Esto es todo lo que voy a deciros, Ahora ascenderé al lugar de donde vine. Cuando ansiaba irme me obligasteis a no hacerlo, y en vez de escoltarme, me asediasteis.”
El Cristo regresa siempre al lugar de donde es su naturaleza, pero aquellos que no somos conscientes de este reino, en lo sensual del mercurio-mental y en el deseo- sexual, estamos identificados con las sensaciones y placeres de este mundo. No se puede servir a dos amos, ni debemos asediar al Cristo con la idea de establecer aquí un reino.


“Estad atentos a la gloria que me espera. Cuando hayáis abierto vuestros corazones, escuchad los himnos que me esperan en el cielo. Pues hoy he de tomar mi puesto a la derecha de mi Padre.
La gloria del Cristo es la de participar desde su trono con la infinitud que todo lo sustenta.  Téngase presente que en su descenso se humanizo o individualizo, ahora deja esta vestidura para multiplicarse en el Padre, que es la Gnosis.


“Os he dicho mi última palabra. Me iré: un carro espiritual me ha elevado, y ahora me desnudare para poder vestirme.”
La última palabra del Cristo ha sido dicha en el mundo de las formas, y ahora que se sentara a la diestra del Padre, su promesa de salvación al respecto de este mundo subjetivo, se cumplirá para aquellos que han fabricados los cuerpos solares o existenciales del Ser. El carro de Mercabah, el Hombre celeste de la Cábala, que ahora se disolverán en cuatro átomos simientes de Carbono (cuerpo de la Voluntad) Oxigeno (cuerpo Mental), Nitrógeno (cuerpo Astral) e Hidrogeno (cuerpo Físico) para poder ingresar despojado de toda forma a la región que esta mas allá de la materia y del espíritu.


“! Estad atentos!  Bienaventurados los que predicaron el evangelio del Hijo antes que el Hijo descendiese: pues cuando vine, pude ascender de nuevo. Bienaventurados tres veces más los que fueron proclamados por el Hijo antes de que ellos existiesen: Porque podéis compartir la salvación con ellos”
¡Velad y Orad, para no caer en tentación!, pues aunque a estas alturas de la Gran Obra, la  montaña de la Ascensión, no existe “Ego Animal”, Prometeo-Lucifer acecha aun con el deseo de existir, y para triunfar hay que pasar por la gran renunciación, para así convertirse en una piedra más de la muralla guardiana, un custodio de la humanidad. El Cristo solo desciende en aquellos que pueden ofrecerle el alimento del sacrificio intenso por la humanidad. Estos bodisattvas caídos en la degeneración animal, se arrepintieron de sus errores y pudieron recibir del Padre el donum dei o don de Dios, esto es la posibilidad de volver al Padre. Benditos sean los que tienen realidad en el Espacio Abstracto Absoluto, aun antes de que surgiera la manifestación, porque en otros tiempos, realizaron esta obra interior. Con ellos se comparte la dicha que no conoce límites.

Cap.10.- Cuando el Señor dijo esto, se fue. Nosotros (Yo y Pedro) nos arrodillamos y dimos gracias, y enviamos nuestros corazones al cielo. Escuchamos con nuestros oídos y vimos con nuestros ojos el ruido de guerras, un toque de trompeta y un gran alboroto.