Modulo 4

 

NAVEGACION

 

Amame sobre todas las Cosas ya tu Hermano como a Ti mismo

 

Description: http://www.entronizar.me/wp-content/uploads/2008/11/corazon-de-jesus.jpgAMAME  SOBRE TODAS LAS COSAS Y A TU HERMANO COMO A TI MISMO


Ámame sobre todas las cosas, os dice Dios nuestro Padre por boca de Moisés, porque solo el amor os conquistara la paz, la dicha, el bien y la justicia que buscáis.  Tal es amigos míos la Ley  del Eterno Amor, único precio puesto por Dios a nuestra felicidad perdurable. Nada conquistamos vistiendo un sayal de penitencia y cíngulo de silicio, si alienta en nuestro corazón, como serpiente dormida, el egoísmo y el odio.  


Nada conquistamos atormentando el cuerpo físico con ayunos y penitencias, si dejamos vivas en nuestro espíritu las florecillas rabiosas de la malevolencia y de la envidia, de la soberbia y la ambición, de donde surgen como espinas de un zarzal, las rencillas, las discordias, los antagonismos y las guerras que inundan los campos de sangre, las ciudades de ruinas y los corazones de angustia.


Ámame sobre todas las cosas dice el Señor, y al prójimo como ti mismo, y todo lo habrás conquistado, y tendrás los cielos por herencia; y todas las legiones de ángeles, arcángeles y serafines de mis moradas Eternas serán tus hermanos… compañeros en las fatigas y en el esfuerzo, compañeros en la paz, en la gloria, en la inmarcesible dicha de la posesión eterna del bien.  La fiebre ardiente de mi deseo, ve ya en lontananza a esta Tierra de mis desvelos convertida en un mundo de paz, de dicha y de amor, como muchas de esas estrellas radiantes que atraen nuestras miradas, desde las insondables lejanías de los espacios infinitos…! Mas entre la visión de mi deseo, y la gloriosa realidad, muchas centurias pasaran en la angustia y en el llanto, en la iniquidad y en el odio,  hasta que suene la hora en que la Ley Eterna cierre la puerta a espíritus primitivos y a las cristalizaciones en el mal, y que esta tierra se transforme por fin en huerto cerrado a todo egoísmo, y solo abierto a la paz, a la esperanza, al bien y al amor.!


Me habéis llamado Profeta de Dios, Ungido del Altísimo y habéis dicho verdad, porque lo soy, y os traigo el divino mensaje del Amor del Padre hacia vosotros.  ¡Por eso solo, he dejado mi Reino de luz y de amor!  Por eso solo, aprisione mi espíritu en esta vestidura de carne que no tardare en dejar, para retornar a la patria de donde salí. Mas no la dejare amados mios, sin antes haber grabado a fuego en vuestros corazones, que Dios nuestro Padre es Amor, y que para haceros grandes y felices, no os pide nada sino vuestro amor sobre todas las cosas, y que améis a vuestros semejantes como os amáis a vosotros mismos. No la dejare sin haceros comprender a todos, que es agravio a la Divina Majestad suponerle capaz de cólera y de venganza, porque esos son bajos y ruines delitos, propios de seres viles y malvados. No la dejare sin dejar al descubierto el engaño  de los falsos maestros, que atolondran a las almas con el supuesto furor Divino, que si pudiera existir, seria para enmudecer su palabra de mentira con que arrastran a los pueblos a la división, a la crueldad, al odio contra sus hermanos que no participan de sus funestas elucubraciones filosóficas, fruto de erróneos principios sobre Dios y la naturaleza, y los destinos de las almas creadas por El.


No abandonare esta vestidura de carne sin haber repetido una y mil veces que el bien, la santidad, la justicia, no están en los ceremoniales de un culto cualquiera que le sea, sino en el fondo del alma, santuario de la inteligencia, del razonamiento y de la voluntad; del alma chispa divina e inmortal, destinada a perfeccionarse por el amor de su Padre Creador y a su prójimo, que solo a eso se reducen los diez mandamientos del Mensaje Divino traído por Moisés. ¡Amados míos! Venid a mi cuando os halléis fatigados con cargas que no podéis llevar, y con angustias que os hacen imposible la vida…Venid entonces a mí con vuestros dolores y con vuestras desesperanzas, que yo os aliviare!...Con mi alma rebosante de amor, y mis manos destilando como miel la dulzura Divina, soy para vosotros el Don del Padre en esta hora que os manifiesta la inmensidad infinita de su Amor Eterno.


JHASUA, El Maestro en Bethania, Arpas Eternas, Vol. 3.-